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Formación de calidad: jóvenes del Don Bosco Calama viven su primera experiencia laboral en Antofagasta

  • Jóvenes practicantes contarán con oferta laboral al terminar su proceso de práctica profesional.

Ocho estudiantes del Colegio Técnico Industrial Don Bosco de Calama iniciaron su primera experiencia laboral en Antofagasta, realizando sus prácticas profesionales en empresas del sector industrial, con la posibilidad de acceder a una oferta laboral al finalizar el proceso.

De acuerdo con proyecciones de CCM-Eleva, la industria requerirá incorporar cerca de 18.000 nuevos talentos en la próxima década para sostener su crecimiento y competitividad ante las importantes inversiones en materia minera y energética que vivirá la Región de Antofagasta en los próximos años.

Es precisamente en ese contexto donde el proceso de prácticas profesionales adquiere un rol estratégico. Más que una etapa formativa, se consolida como un espacio de articulación efectiva entre el mundo educativo y la industria, permitiendo que los futuros profesionales no solo apliquen los conocimientos adquiridos, sino que también comprendan las dinámicas del entorno laboral.

En este escenario, ocho estudiantes del Colegio Técnico Industrial Don Bosco de Calama se encuentran desarrollando sus prácticas profesionales en la capital regional, en un proceso que fortalecerá sus competencias técnicas y humanas.

Las empresas Guiñez Ingeniería, Novamine y Radiadores Gómez abrieron sus puertas a estos jóvenes, reafirmando su compromiso con la formación de nuevos talentos y el fortalecimiento del vínculo entre educación e industria, en el marco del Convenio Empresa-Colegio impulsado por la Asociación de Industriales de Antofagasta, AIA.

“Los jóvenes están viviendo una experiencia formativa integral. Además de su práctica, cuentan con una residencia para su descanso, así como el traslado de ida y regreso cada fin de semana para compartir con sus familias, así como alimentación asegurada para cada día de su estancia en Antofagasta, lo que refuerza nuestro compromiso de que este proceso académico sea el más idóneo para las y los estudiantes”, explicó Shensin Loo, ingeniero de proyectos de la AIA.

Experiencia de vida en voz de sus protagonistas

Sumado a estos beneficios, las empresas han mostrado su disposición de dar ofertas laborales una vez terminado su proceso de práctica profesional, siempre y cuando el estudiante haya cumplido esta etapa de manera satisfactoria.

Desde la experiencia de los propios estudiantes, Belén Véliz, estudiante del Colegio TI Don Bosco Calama de la especialidad de electricidad y practicante en Novamine, destacó la relevancia de este momento en su formación y manifestó que “ha sido una instancia muy importante para poner en práctica todo lo aprendido y entender cómo funciona la industria. Es un paso clave para proyectarme con mayor seguridad en el mundo laboral”.

Por su parte, Jasset Jamett, de la especialidad de mecánica industrial, quien realiza su práctica en Radiadores Gómez, valoró el ambiente laboral y el buen recibimiento por parte de sus evaluadores: “desde el primer día me sentí muy bien recibido. Los compañeros y evaluadores están siempre dispuestos a enseñar y acompañar, lo que hace que uno aprenda con confianza y motivación”.

En tanto, Fernanda Araya, estudiante de la especialidad de explotación minera y practicante en Guiñez Ingeniería, puso énfasis en el impacto de esta oportunidad. “Estoy muy agradecida de vivir esta experiencia. Me ha ayudado a madurar de cara a lo que será mi vida laboral, aprendiendo a cumplir horarios, exigencias de seguridad y tener el desafío constante de cumplir con las expectativas que tienen mis evaluadores sobre mí”, agregó.

Estas iniciativas reflejan la importancia de generar espacios reales de aprendizaje para los futuros profesionales de la región, donde el desarrollo del talento se construye desde la experiencia. En este proceso, todos ganan: los estudiantes acceden a una formación más completa y pertinente, mientras que las empresas se vinculan tempranamente con nuevos talentos, aportando a una industria más preparada, sostenible y conectada con su entorno. Apostar por estas instancias no solo fortalece el presente, sino que proyecta un capital humano capaz de liderar los desafíos del futuro.